Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Desde luego —respondió mi tÃo—; pero llego un poco tarde; ya habrán pasado muchos sabios por aquÃ.
—SÃ, señor Lidenbrock; los trabajos de los señores Olafsen y Povelsen realizados por orden del rey; los estudios de Troil; la misión cientÃfica de los señores Gaimard y Robert, a bordo de la corbeta francesa La Recherche[4] y últimamente las observaciones de los sabios embarcados en la fragata La Reine-Hortense han contribuido poderosamente al conocimiento de Islandia. Pero, créame, todavÃa hay mucho trabajo por hacer.
—¿De veras? —preguntó mi tÃo con aire ingenuo, tratando de dominar el brillo de sus ojos.
—SÃ. ¡Cuántas montañas, glaciares y volcanes poco conocidos están por estudiar aún! Y mire, sin ir más lejos, ¿ve ese monte que se alza en el horizonte? Es el Sneffels.
—¡Ah —dijo mi tÃo—, el Sneffels!
—SÃ, es uno de los volcanes más curiosos y cuyo cráter rara vez se visita.
—¿Está apagado?
—Apagado desde hace quinientos años.
—Pues bien —respondió mi tÃo, que cruzaba frenéticamente sus piernas para no dar saltos en el aire—, quiero comenzar mis estudios geológicos por ese Seffel…, Fessel…, ¿cómo dice usted?