Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Sneffels —contestó el bueno del señor Fridriksson.
Esta parte de la conversación se habÃa desarrollado en latÃn; yo habÃa comprendido todo y a duras penas logré mantenerme serio viendo a mi tÃo contener una satisfacción que le desbordaba por todas partes; trataba de adoptar un aspecto inocente que parecÃa la mueca de un viejo diablo.
—Sà —dijo—, sus palabras me han decidido. Trataremos de escalar el Sneffels, quizás incluso de estudiar su cráter.
—Lamento mucho que mis ocupaciones no me permitan ausentarme —respondió el señor Fridriksson—; les habrÃa acompañado con placer y provecho.
—¡Oh, no, no! —atajó rápidamente mi tÃo—. No queremos molestar a nadie, señor Fridriksson; se lo agradezco de todo corazón. La presencia de un sabio como usted nos resultarÃa muy útil, pero los deberes de su profesión…
Quiero pensar que nuestro anfitrión, en la inocencia de su alma islandesa, no comprendió la malicia, algo burda, de mi tÃo.
—Me parece muy bien, señor Lidenbrock, que comience por ese volcán —dijo—. Ahà recogerá una amplia cosecha de observaciones interesantes. Pero, dÃgame, ¿cómo piensa llegar a la penÃnsula del Sneffels?