La Eneida
La Eneida la ropa cosida con espinas; pero, por lo demás, un griego
y de los que un día se alistaron contra Troya en el ejército patrio.
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Y él cuando vio a lo lejos vestidos dardanios y de Troya
las armas, aterrado por la visión se detuvo un tanto
y freno su marcha; al punto se lanzó de cabeza a la playa
entre llanto y súplicas: "A las estrellas pongo por testigos,
a los dioses y a esta luz del día que respiramos:
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llevadme con vosotros, teucros, a no importa qué tierras.
Con eso me conformo. Sé que fui de la flota de los dánaos
y confieso haber marchado en son de guerra contra los Penates de Troya.
A cambio, si es tan grande la ofensa de mi crimen,