La Eneida
La Eneida 590
Y el piadoso Eneas le habla con palabras amargas:
"Lúcago, no traicionó a tu carro la vergonzosa huida
de tus caballos, ni vanas sombras lo alejaron del enemigo.
Tú mismo has dejado tu yugo saltando de sus ruedas." Así dijo
y sujetó a los animales; en el suelo las palmas inertes
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tendía su hermano infeliz, derribado del carro:
"Por ti, por los padres que tal te engendraron,
héroe de Troya, perdona esta vida y compadécete del suplicante."
Aún implorando Eneas: "No decías cosas como éstas
hace poco. Muere y que no deje el hermano al hermano."
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Entonces abre con su filo el pecho, los escondites del alma.
Así llenaba de muerte los campos el caudillo
dardanio, loco a la manera de un torrente de agua