Cándido
Cándido Dió Candido cien abrazos á Panglós y al baron.—¿Pues cómo no he muerto á vm., mi amado baron? ¿y vm., mi amado Panglós, cómo está vivo habiéndole ahorcado? ¿y porqué están ámbos en galeras en TurquÃa? ¿Es cierto que esté mi querida hermana en esta tierra? dixo el barón. SÃ, Señor, respondió Cacambo. Al fin vuelvo á ver á mi caro Candido, exclamaba Panglós. Candido les presentaba á Martin y á Cacambo: todos se abrazaban, todos hablaban á la par; bogaba la galera, y estaban ya dentro del puerto. Llamáron á un. JudÃo á quien vendió Candido por cincuenta mil zequÃes un diamante que valia cien mil, y el JudÃo le juró por Abrahan, que no podia dar un ochavo mas. Incontinenti satisfizo el rescate del baron y Panglós: este se arrojó á las plantas de su libertador, bañándolas en lágrimas; aquel le dió las gracias baxando la cabeza, y le prometió pagarle su dinero asà que tuviese con que. ¿Pero es posible, decia, que esté en TurquÃa mi hermana? Tan posible, replicó Cacambo, que está fregando platos en casa de un prÃncipe de Transilvania. Llamáron, al punto á otros JudÃos, vendió Candido otros diamantes, y se partiéron todos en otra galera para ir á librar á Cunegunda.