Cándido
Cándido Mil perdones pido á vm., dixo Candido al baron, mil perdones, padre reverendísimo, de haberle pasado el cuerpo de una estocada. No tratemos mas de eso, dixo el baron, yo confieso que me excedí un poco. Pero una vez que desea vm. saber como me he visto en galeras, le contaré que despues que me hubo sanado de mi herida el hermano boticario del colegio, me acometió y me hizo prisionero una partida española, y me pusiéron en la cárcel de Buenos-Ayres, quando acababa mi hermana de embarcarse para Europa. Pedí que me enviaran á Roma al padre general, y me nombráron para ir á Constantinopla de capellan de la embaxada de Francia. Habia apénas ocho dias que estaba desempeñando las obligaciones de mi empleo, quando encontré una noche á un icoglan muy muchacho y muy lindo; y como hacia mucho calor, quiso el mozo bañarse, y yo tambien me metí con el en el baño, no sabiendo que era delito capital en un cristiano que le hallaran desnudo con un mancebo musulman. Un cadí me mando dar cien palos en la planta de los piés, y me condenó á galeras; y pienso que jamas se ha cometido injusticia mas horrorosa. Ahora querria saber porque se halla mi hermana de fregona de un príncipe de Transilvania refugiado en Turquía.