Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Algún fanático del populacho exclamó que Jean Calas había ahorcado a su propio hijo Marc-Antoine. Ese grito, repetido, tardó sólo un momento en hacerse unánime. Otros añadieron que el muerto iba a hacer abjuración el día siguiente; que su familia y el joven Lavaisse lo habían estrangulado, por odio contra la religión católica; al momento siguiente ya no hubo duda: toda la ciudad quedó persuadida de que forma parte de la religión protestante el que un padre y una madre deben asesinar a su hijo en cuanto este se quiera convertir.
Una vez conmovidos, los ánimos ya no se detienen. Imaginaron que los protestantes del Languedoc se habían reunido la víspera; que habían elegido en votación a un verdugo de la secta; que la elección había recaído en el joven Lavaisse; que este joven, en veinticuatro horas, había recibido la noticia de su elección y que había llegado de Burdeos para ayudar a Jean Calas, a su mujer y a su hijo Pierre a estrangular a un amigo, a un hijo, a un hermano.
El señor David, consejero municipal de Toulouse, excitado por esos rumores y queriendo hacerse valer mediante una rápida ejecución, recurrió a un procedimiento contrario a las reglas y a las ordenanzas. La familia Calas, la sirvienta católica y Lavaisse fueron encarcelados.