Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Veo a todos los muertos, de los siglos pasados y del nuestro, comparecer en su presencia. ¿Estáis bien seguros de que nuestro Creador y nuestro Padre dirá al sabio y virtuoso Confucio, al legislador Solón, a Pitágoras, a Zaleuco, a Sócrates, a Platón, a los divinos Antoninos, al buen Trajano, a Tito, delicias del género humano, a Epícteto, a tantos otros hombres, modelos de los hombres?: «¡Id, monstruos! Id a padecer castigos infinitos, en intensidad y en duración; que vuestro suplicio sea eterno como yo. Y vosotros, mis bien amados Jean Châtel, Ravaillac, Damiens, Cartouche, etcétera, que habéis muerto según las fórmulas prescritas, compartid para siempre a mi diestra mi imperio y mi felicidad».
Retrocedéis de horror ante estas palabras; y, después de que se me hayan escapado, no tengo nada más que decir.