Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Ese compasivo cristiano, que acaba de decir que los protestantes componen una vigésima parte de la nación, quiere por lo tanto que se derrame la sangre de esa vigésima parte, ¡y contempla esa operación como la simple sangría que pueda recoger una sangradera! ¡Dios nos libre con él de las tres vigésimas partes!
Si por lo tanto este hombre de bien propone matar a una vigésima parte de la nación, ¿por qué no habría de proponer el amigo del padre Le Tellier hacer saltar por los aires, degollar y envenenar a la tercera parte? Así que es muy verosímil que la carta al padre Le Tellier haya sido realmente escrita.
El santo autor termina finalmente concluyendo que la intolerancia es una cosa excelente, «porque no ha sido —dice— condenada expresamente por Jesucristo». Pero Jesucristo tampoco ha condenado a los que prendieron fuego a París por los cuatro costados; ¿es esta una razón para canonizar a los incendiarios?
Así pues, cuando la naturaleza deja oír por un lado su voz dulce y bienhechora, el fanatismo, ese enemigo de la naturaleza, lanza sus aullidos; y cuando la paz se presenta a los hombres, la intolerancia forja sus armas. ¡Oh, vosotros, árbitros de las naciones, que habéis dado la paz a Europa, decidid entre el espíritu pacífico y el espíritu asesino!