Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Haya respeto para todas las cofradías: son edificantes, pero todo gran bien que puedan hacer al Estado ¿iguala acaso ese espantoso mal que han causado? Parecen instituidas por el celo que anima en el Languedoc a los católicos contra aquellos a los que llamamos hugonotes. Se diría que hemos hecho el voto de odiar a nuestros hermanos, ya que nos sobra religión para odiar y perseguir y no tenemos bastante para amar y socorrer. ¿Y qué ocurriría si esos cofrades estuvieran gobernados por entusiastas, como lo han estado otras veces algunas congregaciones de artesanos y de caballeros, entre los cuales la costumbre de tener visiones se convertía en arte y en sistema, como lo dice uno de nuestros más elocuentes y sabios magistrados? ¿Qué pasaría si en las cofradías se establecieran esas habitaciones oscuras, llamadas cámaras de meditación, en las que se hacía pintar diablos dotados de cuernos y de garras, abismos de llamas, cruces y puñales, con el santo nombre de Jesús sobre semejante cuadro? ¡Qué espectáculo para unos ojos ya fascinados y para unas imaginaciones tan inflamadas como sumisas a sus directores!