Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso El espíritu perseguidor, que abusa de todo, busca también su justificación en la expulsión de los mercaderes del Templo y en la legión de demonios enviada desde el cuerpo de un poseso al cuerpo de dos mil animales inmundos. Pero ¿quién no ve que esos dos ejemplos no son otra cosa que una justicia que Dios se digna aplicar a una contravención de la ley? Era faltar al respeto a la casa del Señor convertir su atrio en una lonja de mercaderes. En vano el sanedrín y los sacerdotes permitían aquel negocio para la comodidad de los sacrificios: el dios al que hacían sacrificios podía sin duda, aunque oculto bajo la figura humana, destruir esa profanación; podía también castigar a los que introducían en el país rebaños enteros, prohibidos por una ley que él mismo se dignaba observar. Esos ejemplos no tienen la menor relación con las persecuciones sobre el dogma. Es preciso que el espíritu de intolerancia se apoye en muy malas razones, puesto que busca por todas partes los más vanos pretextos.