Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Casi todo el resto de las palabras y los actos de Jesucristo predican la dulzura, la paciencia, la indulgencia. Es el padre de familia que recibe al hijo pródigo; es el obrero que llega a última hora y que es pagado como los demás; es el samaritano caritativo; él mismo justifica a sus discípulos por no ayunar; perdona a la pecadora; se contenta con recomendar fidelidad a la mujer adúltera; se digna incluso condescender con la inocente alegría de los comensales de Caná, quienes ya animados con el vino, piden más; se ofrece a hacer un milagro en su favor, cambiando para ellos el agua en vino.
No se indigna ni siquiera con Judas, que debe traicionarlo; ordena a Pedro que no utilice nunca la espada; reprende a los hijos de Zebedeo, quienes, siguiendo el ejemplo de Elías, querían hacer que cayera el fuego del Cielo sobre una ciudad que no había querido acogerlo.