Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso Finalmente, muere víctima de la envidia. Si se osa comparar lo sagrado con lo profano, y un dios con un hombre, su muerte, humanamente hablando, tiene mucha relación con la muerte de Sócrates. El filósofo griego pereció por el odio de los sofistas, de los sacerdotes y de los principales del pueblo: el legislador de los cristianos sucumbió al odio de los escribas, de los fariseos y de los sacerdotes. Sócrates pudo evitar la muerte y no lo quiso; Jesucristo se ofreció voluntariamente. El filósofo griego perdonó no sólo a sus calumniadores y a sus inicuos jueces, sino que les pidió que trataran un día a sus propios hijos como a él mismo, si estos eran lo bastante afortunados como para merecer su odio, como él; el legislador de los cristianos, infinitamente superior, pidió a su Padre que perdonara a sus enemigos.
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Sócrates había tratado a los sofistas de ignorantes y les había convencido de su mala fe; Jesús, haciendo uso de sus derechos divinos, trató a los escribas y a los fariseos de hipócritas (Mt 23), de insensatos, de ciegos, de malvados, de serpientes, de raza de víboras.