El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Los antiguos reyes de Europa pretenden que son totalmente iguales entre sí, pretensión muy natural; pero los reyes de Francia reclamaron siempre la precedencia merecida por la antigüedad de su raza y de su reino, y si no han cedido a los emperadores es porque los hombres nunca son lo bastante audaces para romper con una larga práctica. El jefe de la república de Alemania, príncipe electivo y poco poderoso por sí mismo, tiene la preeminencia sin contradicción sobre todos los soberanos, a causa de su título de César y de heredero de Carlomagno. La cancillería alemana ni siquiera daba a los demás reyes el tratamiento de majestad. Los reyes de Francia podían disputarle la precedencia a los emperadores, puesto que Francia fundó el verdadero imperio de Occidente, cuyo nombre subsiste sólo en Alemania. Tenían para sí no solamente la superioridad de una corona hereditaria sobre una dignidad electiva, sino la ventaja de descender, en una serie ininterrumpida, de soberanos que reinaron sobre una gran monarquía varios siglos antes de que, en el mundo entero, ninguna de las casas que hoy ciñen corona hubiera alcanzado altura alguna. Querían preceder, por lo menos, a las demás potencias de Europa. Alegaban en su favor el nombre de muy cristiano. Los reyes de España oponían el título de católica; y desde que Carlos Quinto tuvo a un rey de Francia prisionero en Madrid, la soberbia española ni remotamente quería ceder ese rango. Los ingleses y los suecos, que no alegan hoy ninguno de esos sobrenombres, reconocen lo menos posible esa superioridad.


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