El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV “Sé lo que le debo —dice— a la memoria del señor de Louvois;[310] pero, si vuestro sobrino no cambia de conducta, me veré obligado a tomar una determinación. Me disgustará hacerlo, pero será necesario. Tiene aptitudes, pero no hace buen uso de ellas. Con demasiada frecuencia da cenas a los príncipes, en vez de trabajar; descuida los negocios por los placeres; hace esperar mucho tiempo a los oficiales en su antesala; les habla con altanería, y a veces con dureza.”
Esto es lo que mi memoria guarda de esa carta, cuyo original vi en otro tiempo. Muestra claramente que Luis XIV no era gobernado por sus ministros, como se ha creído, sino que sabía gobernar a sus ministros.
Le agradaban los elogios; y es deseable que a un rey le agraden, porque se esforzará en merecerlos. Pero Luis XIV no los admitía cuando eran demasiado vivos. Cuando nuestra academia, que siempre le daba cuenta de los temas propuestos para sus premios, le mostró éste: ¿Cual de todas las virtudes del rey merece la preferencia?, el rey enrojeció, y no quiso que ese tema fuera tratado. Toleró los prólogos de Quinault,[311] pero fue en los más hermosos días de su gloria, en el tiempo en que la embriaguez de la nación excusaba la suya. Virgilio y Horacio por agradecimiento, y Ovidio por innoble debilidad, prodigaron a Augusto elogios más exagerados, y, si se piensa en las proscripciones, mucho menos merecidos.