El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Sucede lo mismo en el arte de la tragedia. No hay que creer que las grandes pasiones trágicas y los grandes sentimientos puedan variarse al infinito de una manera nueva e impresionante. Todo tiene sus lÃmites.
La alta comedia tiene los suyos. No hay en la naturaleza humana más de una docena, a lo sumo, de caracteres verdaderamente cómicos y distinguidos por rasgos notables. El abate Dubos, falto de genio, cree que los hombres de talento pueden todavÃa encontrar una multitud de caracteres nuevos; pero serÃa menester que la naturaleza los creara. Se imagina que esas pequeñas diferencias que distinguen los caracteres de los hombres pueden ser manejadas tan felizmente como los grandes temas. Los matices son, en verdad, innumerables, pero hay muy pocos colores fuertes, y son los colores primarios los que un gran artista emplea sobre todo.
La elocuencia del púlpito, y especialmente la de las oraciones fúnebres, están en ese caso. Una vez predicadas con elocuencia las verdades morales y trazados con mano hábil los cuadros de las miserias y las debilidades humanas de la vanidad, de la grandeza y de los estragos de la muerte, se convierten en lugar común. Se ve uno reducido a imitar o a extraviarse. Todo lo que se añada al número suficiente de fábulas escritas por un La Fontaine tendrá por fuerza que repetir su moraleja, y aun sus mismos lances. AsÃ, pues, el genio vive un siglo solamente, después necesariamente degenera.[383]