El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Los jesuitas expusieron sus razones y defendieron la causa de los chinos y de sus prácticas que no parecían poder proscribirse so pena de cerrar toda posibilidad de que la religión cristiana penetrara en un país tan celoso de sus costumbres. En 1656, la Inquisición permitió a los letrados reverenciar a Confucio, y a los niños chinos honrar a sus padres, protestando contra la superstición, si en ello hubiera.
La cuestión se mantuvo indec isa, los misioneros siguieron divididos y el proceso se siguió en Roma de tiempo en tiempo; entretanto, los jesuitas residentes en Pekín se hicieron tan gratos al emperador Kang-hi, por sus conocimientos matemáticos, que el príncipe, célebre por su bondad y sus virtudes, les permitió, por último, establecerse como misioneros y enseñar públicamente el cristianismo. No es inútil observar que este emperador, tan despótico y nieto del conquistador de China, estaba, sin embargo, sometido por el uso a las leyes del imperio; que no pudo, de su sola autoridad, permitir la enseñanza del cristianismo y debió dirigirse a un tribunal y hacer personalmente dos solicitudes en nombre de los jesuitas. Por fin, en 1692, se toleró el cristianismo en China por las gestiones infatigables y la habilidad de los jesuitas.