Micromegas

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—Claro que lo he visto, ¡oh dioses!, repuso Aldea: ha pasado cuatro días enteros conmigo. ¡Ah, prima, cuán digno de lástima es mi hermano! Un falso informe le ha vuelto completamente loco; recorre el mundo sin saber adónde va. Figuraos que ha llevado la demencia hasta rechazar los favores de la escita más hermosa de toda la Escitia. Se marchó ayer tras escribirle una carta que la ha dejado desconsolada. Se ha ido al país de los cimerios. —¡Alabado sea Dios!, exclamó Formosante. ¡Una negativa más por mi causa! Mi dicha supera mi esperanza, así como mi desgracia ha superado todos mis temores. Haced que me entreguen esa encantadora carta, y partiré, lo seguiré con las manos llenas de sus sacrificios. Adiós, prima, Amazán está en el país de los cimerios, vuelo hacia allí.»

Aldea encontró que su prima la princesa estaba más loca aun que su hermano Amazán. Mas, como ella también había experimentado los efectos de aquella epidemia, como había abandonado las delicias y la magnificencia de Babilonia por el rey de los escitas, como las mujeres sienten especial interés por las locuras causadas por el amor, se compadeció realmente de Formosante, le deseó feliz viaje y le prometió que serviría su pasión si alguna vez volvía a tener la dicha de ver a su hermano.


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