Micromegas
Micromegas Experiencias y razonamientos de los dos viajeros
Micromegas alargó la mano con suavidad hacia donde aparecía el objeto y, adelantando dos dedos y retirándolos por miedo a equivocarse, abriéndolos luego y cerrándolos, cogió con mucha destreza el navío que llevaba a aquellos señores y se lo puso sobre la uña, sin apretarlo demasiado por temor a aplastarlo. «Este es un animal muy distinto del anterior», dijo el enano de Saturno. El sirio puso al presunto animal en la palma de su mano. Los pasajeros y los hombres de la tripulación, pensando que habían sido arrebatados por un huracán y depositados sobre alguna roca, se ponen en movimiento.
Los marineros toman barricas de vino, las arrojan a la mano de Micromegas y se precipitan tras ellas. Los geómetras toman sus cuartos de círculo, sus sectores y unas mozas laponas y bajan a los dedos del sirio.
Tanto se revolvieron que por fin éste sintió moverse algo que le hacía cosquillas en los dedos: era un bastón con un hierro en la punta que le estaban clavando en el índice.
