Micromegas
Micromegas »Luego, decía Memnón, hay que pensar también en mi fortuna. Mis deseos son moderados, mi caudal se halla a buen recaudo en poder del tesorero general de Nínive, tengo con qué vivir sin depender de nadie, que es el mayor de los bienes. Nunca me hallaré en la cruel necesidad de tener que hacerle la corte a nadie: no envidiaré a nadie ni nadie me envidiará. Eso es también cosa fácil. Tengo amigos, continuaba, los conservaré, pues no tendrán nada que disputarme. Nunca me enfadaré con ellos, ni ellos conmigo. Tampoco eso resulta difícil.»
