Micromegas
Micromegas La esperanza de hallarse pronto a los pies de la bella princesa de Cachemira lo consolaba, cuando encontró un gran asno rayado, al que daba de palos un patán fornido y terrible. No hay nada tan hermoso, tan raro y tan ligero en la carretera como los asnos de esta especie. Éste respondÃa a los repetidos golpes del villano con coces que hubiesen podido arrancar un roble de raÃz. El joven mirza, como es lógico, tomó el partido del asno, que era una criatura encantadora.
El patán huyó diciendo al asno: «Ya me las pagarás.» El asno dio las gracias a su liberador en su lengua, se acercó, se dejó acariciar y acarició. Rustán montó en él después de almorzar y tomó el camino de Cachemira con sus criados, que le seguÃan a pie o montados en el elefante.
Pero apenas estuvo sobre el asno, el animal volvió grupas hacia Kabul en lugar de seguir el camino de Cachemira. Por más que su amo girara la brida, diera tirones, apretara las rodillas, picara espuelas, soltara la brida, tirara hacia sÃ, azotara a diestra y siniestra, el tozudo animal seguÃa corriendo hacia Kabul.