Micromegas

Micromegas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Rustán sudaba, se debatía y se desesperaba cuando encontró a un camellero que le dijo: «Mi señor, tenéis un asno muy malicioso que os lleva adonde no deseáis ir; si queréis cedérmelo os daré a cambio los cuatro camellos que elijáis.» Rustán agradeció a la Providencia el haberle deparado tan buen negocio. «Cuánto se había equivocado Topacio al decirme que mi viaje sería desgraciado», decía. Montó el camello más hermoso y los otros tres le siguieron, se reunió con su caravana y se puso de nuevo en camino de su felicidad.

No bien había recorrido cuatro parasangas cuando lo detuvo un torrente profundo, ancho e impetuoso, que arrastraba peñascos cubiertos de espuma. Sus dos orillas eran horribles precipicios que asombraban la mirada y helaban el corazón. No había medio alguno para pasar, ni por la izquierda ni por la derecha. «Empiezo a temer, dijo Rustán, que Topacio tuviera razón al censurar mi viaje, y que yo me equivoqué al emprenderlo, y si todavía estuviera aquí podría darme buenos consejos. Si tuviera a Ébano me consolaría y encontraría algún recurso, pero todo me falta.» Su confusión aumentaba con la consternación de su gente. La noche era muy oscura y la pasaron en lamentaciones. El cansancio y el abatimiento terminaron por vencer al enamorado viajero. Se despertó al amanecer y vio un magnífico puente de mármol construido sobre el torrente de una a otra orilla.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker