Micromegas
Micromegas «Pero ¿qué decís? ¿Por qué os burláis en mis últimos momentos?, preguntó Rustán con voz lánguida. —Podéis creerme, dijo Topacio. Ya sabéis que nunca aprobé ese viaje fatal cuyas horribles consecuencias preveía. Yo era el águila que luchaba con el buitre y era desplumada, yo era el elefante que se llevaba el equipaje para obligaros a volver a vuestra patria, yo el asno rayado que os llevaba contra vuestra voluntad junto a vuestro padre, yo he dispersado a vuestros caballos, yo he formado el torrente que os impedía el paso, yo he levantado la montaña que os cerraba un camino tan funesto, yo era el médico que os aconsejaba el aire natal, yo la urraca que os gritaba que no luchaseis. —Y yo, dijo Ébano, yo era el buitre que desplumaba al águila, el rinoceronte que daba cien cornadas al elefante, el villano que golpeaba al asno rayado, el mercader que os daba camellos para correr hacia vuestra perdición; yo he construido el puente por el que habéis pasado, yo he horadado el túnel por el que habéis cruzado, yo era el médico que os daba ánimo para avanzar, el cuervo que os gritaba que os batierais.»
«¡Ay!, acuérdate de los oráculos, dijo Topacio: Si vas a oriente estarás en occidente.