Micromegas
Micromegas —SÃ, dijo Ébano, aquà entierran a los muertos con el rostro vuelto a occidente: el oráculo estaba claro, ¿no lo has comprendido? Has poseÃdo y no poseÃas, pues tenÃas el diamante, pero era falso y tú lo ignorabas. Eres vencedor y mueres, eres Rustán y dejas de serlo: todo se ha cumplido.»
Mientras asà hablaba, cuatro alas blancas cubrieron el cuerpo de Topacio y cuatro alas negras el de Ébano. «¿Qué veo?», exclamó Rustán. Topacio y Ébano respondieron a un tiempo: «Ves a tus dos genios.
—Pero, caballeros, ¿por qué os tenÃais que meter?, les dijo el desdichado Rustán, ¿y por qué dos genios para un pobre hombre?