El hombre siniestro
El hombre siniestro —Bien, deje entonces la vigilancia de la casa; corra tras ese coche, toque el silbato y mire a ver si puede detenerlo. Hay otro agente de guardia por aquÃ, ¿verdad?
—SÃ, señor inspector —gritó el policÃa, que corrÃa ya detrás del coche.
Bickerson regresó entonces al lugar del crimen. Fuera quien fuese el misterioso autor del asesinato, Elsa Marlowe le habÃa visto, desde luego.
Cuando llegó a la casa, encontró a la muchacha en el comedor. Estaba muy pálida, pero asombrosamente serena. La sangre habÃa desaparecido de su rostro, y Ralph tenÃa un pañuelo en la mano, con el que debÃa de haber lavado la cara de la joven. Al ver entrar a Bickerson, Elsa se volvió hacia él preguntando:
—¿Es verdad eso? ¡Mister Hallam dice que han asesinado a mi tÃo!
El inspector, asintiendo lentamente, respondió:
—¡Por supuesto! ¿No ha presenciado usted el crimen?
—No —contestó Hallam por la muchacha—. Yo he apagado la luz cuando usted se ha marchado. No he querido que vea nada.
Y la he traÃdo aquÃ.
Bickerson añadió entonces:
—Pues sÃ, miss Marlowe: su tÃo ha sido asesinado.