EL Castillo de Otranto
EL Castillo de Otranto Jerónimo, que temblaba por la vida de su hijo, no se atrevió a contradecir semejante falsedad, pero uno de sus hermanos, que no compartía su ansia, declaró con franqueza que la princesa se había refugiado en su iglesia la noche anterior. En vano el príncipe se esforzó en ocultar esta revelación, que le abrumaba de vergüenza y confusión. El jefe de los desconocidos, asombrado por las contradicciones que oía, y persuadido de que Manfredo había ocultado a la princesa, pese a la inquietud que manifestaba por su huida, corrió hacia la puerta diciendo:
—¡Príncipe traidor! Isabella será hallada.
Manfredo trató de detenerlo, pero los otros caballeros acudieron en ayuda de su compañero, éste se deshizo del príncipe y salió a toda prisa al patio, llamando a sus criados. Manfredo, considerando inútil disuadirle de su propósito, se ofreció a acompañarlo, y llamando a su vez al servicio, y tomando a Jerónimo y a algunos frailes como guías, salieron del castillo. Manfredo dio órdenes secretas de que se retuviera al séquito del caballero, pero a éste le dijo que despachaba a un mensajero en busca de sus hombres.