EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Respeto vuestra virtuosa delicadeza, pero no abriguéis una sospecha que hiere mi honor. Me proponía guiaros a la más recóndita cavidad de estas rocas y luego, con riesgo de mi vida, guardar la entrada contra todo ser viviente. Además, señora —continuó, suspirando hondamente—, aunque sois bella y en todo perfecta, por lo que no podría culpárseme de pretenderte, debéis saber que mi alma se inclina por otra, y aunque…

Un ruido súbito cortó las palabras de Teodoro. No tardaron en distinguir una voz que llamaba: «¡Isabella! ¿Dónde estás? ¡Isabella!». La temblorosa princesa recayó en la angustia del miedo que antes experimentaba. Teodoro se esforzó en animarla, pero fue en vano. Le aseguró que moriría antes que permitir que volviese a caer en manos de Manfredo. Le rogó que permaneciera oculta, y se adelantó para impedir que se acercase a la persona que buscaba a la princesa.

En la boca de la caverna encontró a un caballero armado, hablando con un campesino que le aseguraba haber visto a una dama pasar entre las rocas. El caballero se disponía a buscarla cuando Teodoro, interponiéndose en su camino, con la espada desnuda, le prohibió enérgicamente avanzar.

—¿Y quién sois vos, que osáis cruzaros en mi camino? —preguntó con altivez el caballero.

—Uno que no se atreve a más de lo que puede realizar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker