EL Castillo de Otranto
EL Castillo de Otranto Y diciendo esto, tomó a Manfredo de la mano, se despidió de Federico y condujo fuera a los presentes. El príncipe, nada contrariado por dejar una conversación que le traía a las mientes el descubrimiento que el caballero hiciera de su más secreto sentir, se avino a ser conducido a sus habitaciones. A Teodoro le permitió retirarse con su padre al convento, aunque empeñando su palabra de regresar al castillo por la mañana, condición que el joven aceptó de buen grado.
Matilda e Isabella estaban demasiado ocupadas con sus pensamientos, y poco satisfechas la una de la otra como para desear conversar más aquella noche. Se separaron para retirarse cada cual a su aposento, con expresiones más corteses que afectuosas, como no habían hecho desde su infancia.