EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Esta actitud casaba bien con lo que ella misma sentía, por lo que en Isabella se reavivaron las sospechas, y quedó destruida la confianza que se había propuesto manifestar a su amiga. Se ruborizaron al encontrarse, pues eran demasiado inexpertas para disimular con eficacia sus sentimientos. Después de algunas preguntas y respuestas irrelevantes, Matilda preguntó a Isabella la causa de su huida. La joven, que casi había olvidado la pasión de Manfredo, pues estaba intensamente preocupada por sí misma, creyó que Matilda se refería a su última ausencia del convento, que había dado lugar a los sucesos de la noche anterior.

—Martelli trajo noticias al convento de que vuestra madre había muerto.

—¡Oh! —dijo Matilda interrumpiéndola—. Bianca me ha explicado esa equivocación: al verme desmayada, gritó: «¡La princesa ha muerto!». Y Martelli, que había venido al castillo a recibir la limosna habitual…

—¿Y qué os hizo desmayar? —inquirió Isabella, indiferente a lo demás.

Matilda se ruborizó y balbució:

—Mi padre estaba juzgando a un criminal.

—¿Qué criminal? —preguntó Isabella ansiosamente.

—Creo… que ese joven.

—¿Quién, Teodoro?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker