EL Castillo de Otranto
EL Castillo de Otranto Jerónimo frunció el ceño. Hippolita informó al fraile de la proposición que había sugerido a Manfredo, la aprobación de éste a su plan, y el ofrecimiento de la mano de Matilda que el príncipe iba a hacer a Federico. Jerónimo no pudo ocultar su desagrado ante la iniciativa, pero se limitó a manifestar la improbabilidad de que Federico, el pariente más próximo de Alfonso, y que se había presentado para reclamar su sucesión, concluyera una alianza con el usurpador de su legitimidad. Pero nada pudo igualar la perplejidad del fraile cuando Hippolita le confesó su disposición a no oponerse a la separación, y le pidió opinión sobre la legalidad de su aquiescencia. El fraile se dispuso a aprovechar esta petición de consejo, y sin exteriorizar su aversión al matrimonio entre Manfredo e Isabella, pintó a Hippolita con los tintes más alarmantes lo pecaminoso de su consentimiento, le advirtió de severísimos juicios contra ella si accedía y la conminó en los términos más duros para que rechazara cualquier proposición con muestras inequívocas de indignación.