EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Yo, mi señor? No, mi señor… Sí, mi señor… ¡Pobre señora! Está muy inquieta por las heridas de su padre, pero le dije que todo irá bien. ¿No cree lo mismo vuestra alteza?

—No te pregunto lo que piensas de su padre. Tú conoces sus secretos. Ven, sé una buena muchacha y dime si hay algún joven de por medio… ¿Eh? Ya me entiendes.

—¡Líbreme Dios! ¿Entender yo a vuestra alteza? No, no. Le recomendé unas hierbas medicinales y descanso…

—Que no estoy hablando del padre —insistió el príncipe, impaciente—. Sé que sanará.

—Ay, Dios, cómo me alegra oír a vuestra alteza decir eso. Porque creo que no debemos permitir que la señora pierda la esperanza, por más que su señoría no tiene buen aspecto y algo… Recuerdo cuando el joven Fernando fue herido por el veneciano.

—Contéstame algo concreto. Toma esta joya; a lo mejor sirve para que concentres tu atención. Y déjate de reverencias, aunque mi favor no se detendrá ahí… Anda, dime la verdad: ¿cuál es el estado del corazón de Isabella?

—Bueno, vuestra alteza tiene una manera de… A decir verdad… Pero ¿puede vuestra alteza guardar un secreto?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker