EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Vete. Has perdido el sentido —dijo Manfredo—. No nos interrumpas, que estábamos tratando asuntos importantes. Ya veis, señor mío, que esta doméstica padece ataques. Ven conmigo, Bianca.

—¡Oh, por todos los santos! No; he venido para advertir a vuestra alteza. ¿Por qué se me tenía que aparecer a mí? Yo rezo mis oraciones mañana y noche. ¡Oh, si vuestra alteza hubiera creído a Diego! La mano corresponde al mismo gigante cuyo pie vio él en la sala de la galería. El padre Jerónimo nos ha dicho a menudo que la profecía iba a cumplirse un día de estos… Me dijo: «Bianca, ten presentes mis palabras».

—Deliras —replicó Manfredo, rabioso—. Vete y reserva esas supercherías para asustar a tus compañeros.

—¡Cómo, mi señor! ¿No creéis lo que he visto? Id vos mismo al pie de la escalera. Por mi vida que lo he visto.

—¿Qué has visto? Dinos, hermosa joven, qué has visto —la invitó Federico.

—¿Puede vuestra señoría prestar oídos al delirio de una criada estúpida —terció Manfredo—, que ha escuchado cuentos de aparecidos y se los cree?

—Eso es más que fantasía —corrigió el marqués—. Su terror es demasiado natural y la ha impresionado hondamente para ser fruto de la imaginación. Dinos, hermosa doncella, lo que te ha afectado de este modo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker