EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Sí, Isabella! —exclamó imperiosamente Manfredo—. Quiero ver a Isabella.

—Mi señor —intervino Matilda, que advertía la impresión que la conducta paterna había producido en su madre—, no la hemos visto desde que vuestra alteza la llamó a su aposento.

—Dime dónde está —insistió el príncipe—; no quiero saber dónde estuvo.

—Mi buen señor —dijo Hippolita—, vuestra hija os dice la verdad: Isabella nos dejó para acudir a vuestra llamada, y desde entonces no ha regresado. Pero calmaos, mi buen señor; retiraos a descansar, pues este desgraciado día os ha alterado. Isabella atenderá vuestras órdenes por la mañana.

—¡Cómo! Entonces, ¿sabéis dónde está? Decídmelo al punto, pues no quiero perder un instante. —Y dirigiéndose a su esposa—: Y vos, mujer, ordenad a vuestro capellán que se presente ante mí en seguida.

—Supongo —dijo Hippolita con calma— que Isabella se ha retirado a su aposento: no está acostumbrada a trasnochar tanto. Mi gracioso señor, permitidme saber qué os ha turbado hasta este extremo: ¿os ha ofendido Isabella?

—No me molestéis con preguntas y decidme dónde está.

—Matilda la llamará. Sentaos, mi señor, y recuperad vuestra fortaleza habitual.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker