EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero ¿qué asunto tan urgente le llevaría a convocar al capellán? —se interrogaba Matilda—. ¿Acaso pretende enterrar a mi hermano en privado en la capilla?

—Oh, señora, ya lo adivino. Como os habéis convertido en su heredera, está impaciente por casaros: siempre ha ansiado tener más hijos, y ahora lo imagino deseando tener nietos. Estoy convencida, señora, de que finalmente os veré de novia. Buena señora, ¿no despediréis a vuestra fiel Bianca y pondréis por encima de mí a doña Rosaria, ahora que sois una gran princesa?

—Mi pobre Bianca, ¡qué rápidos son tus pensamientos! ¡Yo una gran princesa! ¿Qué has observado en el proceder de Manfredo desde la muerte de mi hermano que revele un aumento de su ternura hacia mí? No, Bianca, su corazón sigue siéndome ajeno; pero es mi padre y no puedo quejarme. Si el cielo me cierra el corazón de mi padre, paga con creces mis escasos méritos con el amor de mi madre. ¡Oh, esa madre querida! Sí, Bianca, por eso me entristece el iracundo temperamento de Manfredo. Yo puedo soportar su rudeza para conmigo, pero me hiere el alma cuando soy testigo de su injustificada severidad hacia mi madre.

—Oh, señora, todos los hombres tratan así a sus esposas cuando se cansan de ellas.

—Pero tú me felicitabas cuando creías que mi padre se proponía disponer de mí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker