EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Os consideraré una gran dama, suceda lo que suceda. No quiero que os encerréis en un convento, como desearíais y habríais hecho si no os lo impidiera vuestra madre, mi señora, que sabe que es mejor un mal marido que estar sin marido. ¡Cielos! ¿Qué es ese ruido? ¡Que san Nicolás me perdone! Estaba bromeando.

—Es el viento que silba entre las almenas de la torre, arriba: lo has oído cientos de veces.

—No, no había nada malo en lo que he dicho: no es pecado hablar del matrimonio. Así pues, señora, como iba diciendo, si mi señor Manfredo os ofrece como esposa a un apuesto y joven príncipe, le haréis una inclinación y le diréis que preferís tomar el velo.

—¡Gracias al cielo no corro semejante peligro! Ya sabes cuántas peticiones de mi mano ha rechazado mi padre.

—Y vos le dais las gracias, como una hija obediente, ¿verdad, señora? Pero suponed que mañana por la mañana os convoca a la gran sala del consejo, y allí encontráis, junto a él, a un amable joven príncipe, con grandes ojos negros, una despejada y blanca frente y varoniles rizos como si brotaran de un surtidor. En resumen, señora, un joven héroe parecido al retrato del buen Alfonso que se encuentra en la galería, ante el cual os sentáis durante horas para contemplarlo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker