EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Ni yo los pido, mi señor —dijo el infortunado joven—. Mis pecados, ¡gracias al cielo!, no han sido numerosos ni exceden los que cabría atribuir a mi edad. Secad vuestras lágrimas, buen padre, y acabemos cuanto antes. Este mundo es malo, y yo no tengo razón alguna para lamentar abandonarlo.

—¡Oh, desgraciado joven! —dijo Jerónimo—. ¿Cómo puedes soportar mi vista con paciencia? ¡Yo soy tu asesino! ¡He sido yo quien ha hecho recaer sobre ti esta hora de infortunio!

—Os perdono con toda el alma, como espero que el cielo me perdone a mí. Escuchad mi confesión, padre, y dadme vuestra bendición.

—¿Cómo puedo prepararte para tu tránsito? No puedes salvarte sino perdonando a tus enemigos, ¿y puedes perdonar a este hombre impío?

—Puedo y lo hago.

—Y esto ¿no os conmueve, príncipe cruel? —preguntó el fraile.

—Os mandé llamar para que lo confesarais —replicó Manfredo con dureza—, no para que intercedierais por él. Primero me predispusisteis contra él: ¡que su sangre recaiga sobre vuestra cabeza!

—¡Eso es, eso es! —admitió el santo varón atormentado por la tristeza—. Vos y yo nunca esperaremos ir a donde este bendito joven irá.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker