Tus zonas erróneas
Tus zonas erróneas Criticar es fácil. Señalar errores, destacar defectos, opinar sin actuar. Es una posición cómoda que otorga una falsa sensación de superioridad. Pero detrás de la crítica constante suele esconderse miedo, inseguridad y, sobre todo, inacción. Se critica porque no se hace. Se juzga al que se expone mientras se permanece al margen. La crítica destructiva es la defensa preferida de quienes han elegido la pasividad como estilo de vida.
Quien se involucra en su propio crecimiento, quien toma decisiones difíciles, quien actúa a pesar del miedo, no tiene tiempo ni necesidad de juzgar a los demás. El que hace, comprende. Y el que comprende, no ataca. La crítica sin acción revela más sobre quien la emite que sobre el objeto de la crítica. Es una forma sutil de evitar el compromiso con uno mismo.
La pasividad también es una zona errónea profundamente instalada. Se vive esperando que otros resuelvan, que las circunstancias cambien, que el momento ideal llegue. Se dice “algún día”, “cuando tenga tiempo”, “cuando esté listo”, y mientras tanto, la vida pasa. Se posterga la acción en nombre de la prudencia, pero en realidad se cede el poder. Y donde no hay acción, no hay transformación.
