Tus zonas erróneas
Tus zonas erróneas Las relaciones con los demás se transforman cuando el amor propio está presente. Se deja de pedir amor como quien pide permiso para existir. Se comienza a dar amor libremente, sin condiciones, sin necesidad de recibir algo a cambio. El amor verdadero nace del desborde, no de la carencia. Solo puede amar quien ya está lleno por dentro.
Para lograr esto, es necesario aprender a hablarse con respeto. El diálogo interno debe ser compasivo, alentador, firme pero amoroso. Ya no más frases como “qué tonto soy”, “nunca hago nada bien”, “nadie me va a querer así”. Esas frases son puñales que uno mismo se clava. Amar es también cuidarse del daño propio.
El primer paso para transformar la vida es reconocerse digno. No se trata de cambiar para merecer amor. Se trata de amarse primero, y desde ahí, elegir crecer, mejorar, avanzar. No por necesidad de aprobación, sino por puro deseo de expansión. Porque uno vale. Porque uno lo merece.
