El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Inmediatamente fue a insultar groseramente al desolado padre, después pasó un día activo y resuelto yendo y viniendo por la ciudad y entrevistando gente en un intento sistemático, y en parte con éxito, de arruinar a aquel especulador matrimonial. La naturaleza eficaz de estas actividades le produjo una euforia temporal y fue al comedor que había frecuentado en sus días malvados en un estado de ánimo de ¡al diablo con todo! y cenó excesiva y alegremente con otros dos dorados jóvenes en los primeros cuarenta. Abandonaba el juego. Ninguna mujer se merecía que fuera bueno con ella y hasta se sorprendió a sí mismo con la veta de ingenioso cinismo que le salió. Una de las otras desesperadas y afiladas lenguas, calentada por el vino, hizo una chistosa referencia a su desilusión, pero en aquel momento no pareció desagradable. A la mañana siguiente se encontró con el hígado y el ánimo inflamados. A patadas hizo pedazos la máquina de noticias fotográficas, despidió a su sirviente, y decidió que se vengaría terriblemente de Elizabeth o de Denton o de alguien. Pero en cualquier caso habría de ser una venganza terrible de forma que el amigo que se había reído de él no volviera a verle como la estúpida víctima de una chica. Sabía algo de la pequeña propiedad que le pertenecía, y que ésta sería el único apoyo de la joven pareja hasta que Mures cediera. Si Mures no se ablandaba y si algo desafortunado ocurría al negocio en el que yacían las expectativas de Elizabeth ellos se encontrarían con tiempos muy difíciles y serían bastante dúctiles a tentaciones del tipo más siniestro. La imaginación de Bindon, abandonando completamente su hermoso idealismo, desarrolló la idea de las tentaciones de tipo siniestro. Se imaginó a sí mismo como el hombre rico, implacable, intrincado y poderoso en persecución de la doncella que le había desdeñado. Y de repente le vino a la cabeza su imagen, vívida y dominante, y por primera vez en su vida Bindon comprendió el verdadero poder de la pasión. Su imaginación se quedó aparte como un ujier respetuoso que ha hecho su trabajo introduciendo a la emoción.