El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Pero cómo? —gritó Kemp y, de pronto, se le ocurrieron varias ideas—. Hay que empezar ahora mismo. Tiene que emplear a todos los hombres que tenga disponibles. Hay que evitar que salga de esta zona. Una vez que lo consiga, irá por todo el paÃs a su antojo, matando y haciendo daño. ¡Sueña con establecer un Reinado del Terror! Oiga lo que le digo: un Reinado del Terror. Tiene que vigilar los trenes, las carreteras, los barcos. Pida ayuda al ejército. TelegrafÃe para pedir ayuda. Lo único que lo puede retener aquà es la idea de recuperar unos libros que le son de gran valor. ¡Ya se lo explicaré luego! Usted tiene encerrado en la comisarÃa a un hombre que se llama Marvel…
—SÃ, sÃ, ya lo sé —dijo Adye—. Y también lo de esos libros.
—Hay que evitar que coma o duerma; todo el pueblo debe ponerse en movimiento contra él, dÃa y noche. Hay que guardar toda la comida bajo llave, para obligarle a ponerse en evidencia, si quiere conseguirla. Habrá que cerrarle todas las puertas de las casas. ¡Y que el cielo nos envÃe noches frÃas y lluvia! Todo el pueblo tiene que intentar cogerlo. De verdad, Adye, es un peligro, una catástrofe; si no lo capturamos, me da miedo pensar en las cosas que pueden ocurrir.