Tono-Bungay
Tono-Bungay Yo me sentía inclinado a pensar que Gordon-Nasmyth imaginaba que íbamos a darle un cheque por seis mil libras bajo la única garantía de sus palabras. Era muy bueno hablando, he de reconocerlo, pero no lo hicimos. Estipulé que necesitábamos muestras para su análisis, y él aceptó… reluctante. Creo que hubiera preferido que yo no examinara ninguna muestra. Hizo un gesto hacia su bolsillo, que nos dio la invencible persuasión de que llevaba una muestra encima, y luego, en el último instante, decidió no sacarla prematuramente. Había a todas luces una curiosa tensión de reserva en él. No le gustaba darnos muestras y no quería indicar dentro de un radio de quinientos kilómetros la posición de aquella Isla Mordet suya. Tenía muy claro en su mente que poseía un secreto de inmenso valor, y no tenía la menor idea de hasta cuán lejos podía llegar con los financieros. Y así, a fin de ganar tiempo para cubrir aquellas vacilaciones suyas, empezó a hablar de otras cosas.