Voraz como el mar
Voraz como el mar Las miradas de la tripulación estaban sobre él. Algunos con respeto, otros con escepticismo. Había quienes lo consideraban un capitán legendario, pero también quienes veían en él a un hombre derrotado, un vestigio de un imperio en ruinas.
El Hechicero era su última oportunidad. Si lograba demostrar su valía en el despiadado mundo del rescate marítimo, tal vez podría recuperar su nombre. Y su orgullo.
Pero el océano no da segundas oportunidades.
Una noche después de su llegada, la señal de emergencia llegó como un disparo en la oscuridad: un trasatlántico, el Golden Adventurer , estaba atrapado entre los témpanos de la Antártida. Seiscientos pasajeros a bordo. Ningún otro barco en la zona. Solo ellos.
—Nos necesitan —dijo Berg, mirando a su tripulación. —Las condiciones son extremas, capitán —advirtió Allen. —Entonces será un buen día para demostrar de qué estamos hechos.
Las turbinas rugieron. El Hechicero partió hacia el hielo.
Berg lo sabía: esa misión no solo salvaría vidas, sino que también podría salvar la suya.
