El Retrato de Dorian Gray
El Retrato de Dorian Gray —Excepto en los Estados Unidos —replicó lánguidamente lord Henry—. Pero yo no he dicho que se haya casado. He dicho que se ha prometido. Hay una gran diferencia. Recuerdo con mucha claridad estar casado, pero no tengo recuerdo alguno de estar prometido. Me inclino a creer que nunca estuve prometido.
—Pero piensa en la cuna de Dorian, en su posición, en su riqueza. SerÃa absurdo que se casara tan por debajo de sus posibilidades.
—Si de verdad quieres que se case con la chica, dile precisamente eso. Puedes estar seguro de que lo hará. Siempre que un hombre hace algo perfectamente estúpido, lo hace por el más noble de los motivos.
—Espero que la chica sea buena. No quisiera ver a Dorian atado a alguna horrenda criatura que pueda envilecer su cuerpo y destruir su inteligencia.
—No, no; la chica es mejor que buena…, es hermosa —murmuró lord Henry, saboreando un vaso de vermut con zumo de naranjas amargas—. Dorian dice que es hermosa, y no suele equivocarse en ese tipo de cuestiones. Tu retrato ha afinado su apreciación de las personas. Ése ha sido, entre otros, uno de sus excelentes resultados. Vamos a conocerla esta noche, si es que ese muchacho no olvida su cita con nosotros.
—¿Hablas en serio?