Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. –– (Nervioso.) Un momento, papá. Excúsame. (Lord Caversham se va de nuevo.) Bien; recuerde mis instrucciones, Phipps ... Al salón.
PHIPPS. ––SÃ, milord. (Lord Goring se va al salón de fumar. Harold, el criado, introduce a mistress Cheveley. Lleva un vestido verde y plata y una capa negra de raso bordeada de seda de color rosa.) HAROLD. ––¿Quién digo que ha llegado?
MIST RESS CHEVELEY. – –(A Phipps, que se dirige hacia ella.) ¿No está aquà lord Goring? Me han dicho que estaba en casa.
PHIPPS. ––El señor está ahora ocupado con lord Caversham, señora. (Le dirige a Harold una mirada frÃa y vidriosa y éste se retira inmediatamente.)
MISTRESS CHEVELEY. ––¡Ah! ¡El amor filial!
PHIPPS. ––El señor me ha encargado que le diga que sea tan amable de esperar en el salón. El señor irá enseguida.
MISTRESS CHEVELEY. –– (Con un gesto de sorpresa.) ¿Lord Goring me espera?
PHIPPS. ––SÃ, señora.
MISTRESS CHEVELEY. ––¿Está usted seguro?
PHIPPS. ––El señor me dijo que si llegaba una dama preguntando por él, le esperase en el salón. (Va hacia la puerta del salón y la abre.) Las instrucciones que me dio el señor sobre el asunto han sido muy precisas.