Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––Querrá decir que se divirtió inmensamente, ¿no?
MISTRESS CHEVELEY. ––¿Qué sabe usted de mi vida matrimonial?
LORD GORING. ––Nada; pero puedo leer en ella como en un libro.
MISTRESS CHEVELEY. ––¿Que libro?
LORD GORING. –– (Levantándose.) El de cuentas.
MISTRESS CHEVELEY. ––¿Cree usted que está bien ser tan grosero con una mujer en su casa?
LORD GORING. ––En el caso de las mujeres fascinadoras, el sexo es un desafÃo, no una defensa.
MISTRESS CHEVELEY. ––Supongo que no es un cumplido. Mi querido Arthur, a las mujeres nunca se nos desarma con cumplidos. A los hombres, sÃ. Ésa es la dife rencia entre los dos sexos.
LORD GORING. ––A las mujeres nunca se las desarma con nada, que yo sepa.
MISTRESS CHEVELEY. –– (Después de una pausa.) Entonces, ¿va usted a permitir que su gran amigo Robert Chiltern quede arruinado antes que casarse con una mujer que aún tiene considerables atractivos?
Creà que habrÃa usted llegado al más elevado sacrificio, Arthur. El resto de su vida podrÃa haber estado completando sus propias perfecciones.