Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. ––Más tarde. (Se levanta.) Y ahora, Âżpuedo pasear por su bella casa? He oĂdo decir que sus cuadros son encantadores. El pobre barĂłn Arnheim..., Âżrecuerda al barĂłn?..., solĂa decirme que tenĂa usted algunos Corots maravillosos.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Con un estremecimiento casi imperceptible.) ÂżConocĂa usted mucho al barĂłn?
MISTRESS CHEVELEY-ĂŤntimamente. Âż Y usted?
SIR ROBERT CHILTERN. ––En cierto momento.
MISTRESS CHEVELEY. ––Un hombre maravilloso, ¿verdad?
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Después de una pausa.) Era muy notable en muchos sentidos.
MISTRESS CHEVELEY. –– Creo que ha sido una lástima que no escribiese sus memorias. Hubieran si-do muy interesantes.
SIR ROBERT CHILTERN. ––SĂ. ConocĂa bien a muchos hombres y a muchos paĂses, como la vieja Grecia.
MISTRESS CHEVELEY. ––Sin la terrible desventaja de tener una Penélope esperándolo en casa.