Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. ––Sir Robert, voy a ser completamente franca con usted. Quiero que omita el informe que piensa leer en la Cámara, diciendo que cree que los comisarios tenÃan algún prejuicio, estaban mal informa dos o algo por el estilo. Después quiero que diga unas palabras para que el Gobierno vuelva a considerar la cuestión, explicando que tiene usted alguna razón para creer que el canal, si se terminase, tendrÃa un gran valor internacional. Usted sabe la clase de cosas que dicen los minis tros en casos como éste.
Unas cuantas tonterÃas pueden servir. En la vida moderna nada produce tanto efecto como una buena tonterÃa. ¿Hará eso por mÃ?
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡Mistress Cheveley, no puede usted hablar en serio al hacerme esa proposición!
MISTRESS CHEVELEY. ––Hablo completamente en serio.
SIR ROBERT CHILTERN. –– (FrÃamente.) Le ruego que me permita no creerlo.
MISTRESS CHEVELEY. –– (Hablando con gran énfasis.) ¡Ah! Hablo en serio. Y si hace lo que le pido, yo... le pagaré muy bien.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡Pagarme!
MISTRESS CHEVELEY. ––SÃ.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Temo no entender lo que quiere usted decir.