Un marido ideal
Un marido ideal LADY CHILTERN. –– (Lo rechaza extendiendo los brazos.) ¡No, no hables! ¡No digas nada! Tu voz me trae horribles recuerdos... Recuerdos de cosas que me hicieron amarte... Recuerdos que ahora me horrori-zan. ¡Cómo te adoré? Eras algo aparte de la vida, un ser puro, noble, honesto, sin mancha. El mundo parecÃa más hermoso porque tú estabas en él, y la bondad más verdadera porque vivÃas tú.Y ahora... ¡Oh!
¡Cuando pienso que he hecho de un hombre como tú mi ideal! ¡El ideal de mi vida!
SIR ROBERT CHILTERN. ––Ése fue tu error. Ésa fue tu equivocación. El error que cometen todas las mujeres. ¿Por qué no podéis amarnos con nuestros defectos? ¿Por qué nos colocáis en monstruosos pedes-tales? Todos tenemos los pies de barro, tanto los hombres como las muje res; pero cuando los hombres amamos a las mujeres, las amamos conociendo sus debilidades, sus locuras, sus imperfecciones; las ¡una-mos más, si es posible, por esta razón. No es el ser perfecto, sino el imperfecto, el que necesita amor.