Cuentos completos
Cuentos completos Un suspiro lo desconcentró, un suspiro profundo, terminante, que le hizo notar que su amigo Charles habÃa arrojado todas las pizarras que tenÃa cerca o habÃa llegado a la conclusión de que no valÃa la pena hacerlo. Comieron sus sándwiches el uno al lado del otro. Al terminar, se sacudieron las migas y se incorporaron. John tomó el pedazo de vidrio y lo miró en silencio. Charles lo miró también; pero de inmediato vio que no era plano, y llenando su pipa dijo con la energÃa que echa por tierra una tonta lÃnea de pensamiento:
—Volviendo a lo que decÃa…
No vio, y de haberlo visto no se habrÃa percatado, que John, tras observar indeciso el trozo de vidrio unos segundos, lo metió en el bolsillo del pantalón. Tal impulso podrÃa haber sido el mismo que lleva a un niño a recoger una piedra en un camino, prometiéndole una vida cálida y segura sobre la repisa de la chimenea de una guarderÃa, regocijándose en la sensación de poder y benevolencia que brinda acción semejante, creyendo que el corazón de la piedra rebosa de felicidad al saberse escogida entre millones iguales; disfrutar de esa bendición en lugar de una vida de frÃo y humedad sobre una ruta. «PodrÃa haber sido cualquier otra tan fácilmente, ¡pero me escogió a mÃ, a mÃ!».