Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Y si alguien vuelve a tocar el tema —añadió—, quiero ser informada al instante. Sea quien sea, tomaré mi bastón y yo misma le daré una buena paliza.
Los tres hicieron un nuevo koutou ante la Anciana Dama y las damas Xing y Wang, y fueron acompañados de regreso por unas viejas amas.
Apenas estuvieron solos, Xifeng preguntó:
—¿Y por qué estoy endemoniada? ¿Y por qué soy un gato montés? Cuando esa perra me maldijo y me deseó la muerte tú participaste. Ciertamente soy mala durante mil dÃas, pero algún dÃa soy buena; sin embargo, después de todo este tiempo da la impresión de que soy para ti menos que una puta. ¿Con qué cara voy a seguir viviendo ahora?
Y mientras hablaba, se echó a llorar de nuevo.
—¿Pero qué más quieres? —exclamó Lian—. ¿Quieres pararte a pensar un poco en quién es la verdadera responsable de lo ocurrido ayer? A pesar de eso he sido yo quien sé ha arrodillado ante ti y ha suplicado tu perdón, delante de la Anciana Dama y de toda la gente que habÃa allÃ. Te ha quedado honra suficiente para seguir viviendo. Y ahora deja ya de rezongar. ¿O acaso quieres que vuelva a hincarme de rodillas? No vayas más lejos.
Las palabras de Lian enmudecieron a Xifeng, que se echó a reÃr.